La vez que… renuncié a un trabajo

Hola, soy Argel y renuncié a un trabajo, bueno, no a uno, a varios, pero esta vez les contaré uno que me marcó mucho mi vida. Es difícil hablar de renunciar, porque renunciar siempre está ligado a rendirse. Y súmenle que eres de las primeras generaciones de Millenials, por lo que de un lado tienes a los que no pueden creer que dejaras un trabajo estable por nada y a otros que comparten sus vidas en oficinas móviles y que viven un sueño.

Hace mucho que no siento la tristeza un domingo por la tarde de solo pensar que mañana iniciaba mi semana laboral y, como yo fui hace mucho tiempo, estoy segura que alguno de ustedes se encuentra en ese momento que sienten que algo está ausentando su espíritu.

La primera vez que renuncié fue a un trabajo excepcional, con un jefe mentor y ambiente laboral optimista, pero que entre más lo realizaba más sentía como me sacaba la vida. Cuando dormía me sentía mal, por pensar que no había terminado mis interminables pendientes y tenía pesadillas constantes de que me encontraba en ese lugar haciendo algo incorrecto,   cuando despertaba aclaraba mi mente con la esperanza de que el día sería mejor y al salir, lloraba en mi carro hasta llegar a casa. Así continué por varios meses, llegué a pasar por una etapa de depresión y todo indicaba que tenía el síndrome del burnout, ignoraba tanto a mi cuerpo, a mi corazón y a mis sentimientos que un día se pusieron de acuerdo y en plena reunión tuve un ataque de ansiedad.

Después de la escenita, me repetía a mi misma que era una persona exagerada, cómo era posible que recibiendo un sueldo bueno, vacaciones pagadas, y prestaciones quisiera irme de ese lugar. Me repetía la responsabilidad que tenía en cumplir un contrato y que ni se me ocurriera enfermarme porque nadie podría hacer lo que yo hago. Me convencía lo indispensable que era el trabajo para sobrevivir y lo indispensable que era yo para ese trabajo.

Pero era una mentirosa divina, vivir no es sobrevivir, y nadie es indispensable. Pedí tanto a dios que me diera una señal que cuando llegó no podía creerlo, era la excusa perfecta para alejarme de ese trabajo y empezar de nuevo, así que renuncié… y fue uno de los días más felices de mi vida.

Todo estaba bien, no era tan indispensable después de todo y la vida continuaba. Dejé muchos corazones rotos, mucha decepción, enojos e indiferencias, pero me llevaba salud mental, experiencia y decisión para renovarme.

Renunciar no siempre es sinónimo de rendirte, renunciar es a veces necesario, quitar de tu vida algo que no te crea nada bueno y dar espacio a nuevas oportunidades, retos y enseñanza, es crecer. Renunciar no quiere decir que tiraste la toalla, quiere decir que escuchaste a tu espíritu, a tu corazón, a tu mente y estuvieron de acuerdo que tu salud vale más, que cualquier moneda.

 

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Blusa y jeans H&M
Sandalias: Mila Milu
Aretes: Misska Accesorios

4 comentarios

  1. Bien dicho, yo tuve una situación similar, en la que no negaré que todavía me pregunto cómo pude haber dejado ese trabajo de ‘ensueño’ para muchos y que yo tuve. Renunciar no es rendirse, sino provocar un cambio que por lo general es para bien. Saludos!

    1. Así es Adrián, qué te puedo decir ya llevo unos tres, pero en serio me sorprende cómo todo ha sido en su momento y para algo mejor. ÉXITO!! Y Muchas gracias por dejar tu comentario.

  2. Argel, yo creo que renunciar es hasta algo valiente. Por lo mismo que nos da miedo dejar lo ‘seguro’, que aunque sea poco o mucho, nos sentimos estables. Decidir decirle adiós a eso es algo de valientes.
    Gracias por compartirnos esto <3 !

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