New York: lo bueno, bonito y barato

¡Qué bonito se siente volver! Y me refiero a mi blog, no a mi ranchito. Lo siento mis rubiecitas, pero es que para llegar a mi casa tengo que pasar por baches que me llevan al país de las Maravillas, si regularmente uno sufre depresión post vacacional, llegar a la próxima locación de película postapocalíptica de Will Smith es too much. Pero hace una semana, mientras algunos lloraban en silencio por el temido regreso a clases y algunas mamás de alegría, yo me sentía Carrie Bradshaw. Bueno, una Carrie Bradshaw sin Manolos, sin depa en Manhattan y que viajaba en subway, pero un poquito más un poquito menos, era una Carrie Bradshaw en New York y hoy les quiero compartir lo bueno, bonito y barato de uno de mis viajes soñados.

New York es posiblemente uno de los lugares que más nos atraen y que morimos por conocer. A la mayoría nos encantaría pisar sus calles y vivir como todas las protagonistas de nuestras series o películas de moda favoritas. Aunque muchas tienen esa facilidad, la realidad es que yo soy a mucha honra tan tan tan… María la del Barrio soy, oh, disculpen, a veces olvido que no soy Thalía, pero sí tengo algo de  colonia rústica, ya saben de esas donde vive una Doña Pelos  y niños se juntan por las tardes a jugar futbol y usan la cochera de algún vecino como porteria, ¡qué suerte que es la mía! -Dijo nadie nunca. El punto es que todos tenemos en la mente ese New York que nos pinta Hollywood y las bloggers, cuando la realidad es que apenas nos están mostrando esa semilla de la gran manzana.

Porque estoy cansada de que todas te compartan sus viajes como si todo fuera cuento de hadas, aquí tienes mi lista de lo real, lo bueno, lo bonito, y lo barato de la ciudad que nunca duerme:

  1. Te mentí, nada es barato. Con el dolor de mi corazón te tengo que advertir que New York es una ciudad costosa.  Cualquier comida, hasta la más equis, como un doguito con papas y soda te puede costar de 15 a 20 dólares, sí, es barato, pero como mexa estoy pagando cerca de 350 pesos por un pan Wonder y una salchicha sarra. Eso sí, los casi 10 dólares que pagas por esas nieves de unicornio valen cada centavo.  
  2. Bye hotel, hola AIRBNB. Cualquier motel con cucarachitas en Manhattan está arriba de 130 dólares la noche, pero una de las mejores decisiones que pudimos tomar fue hospedarnos en un esotérico departamento en Brooklyn, además de la ubicación que estaba perfectamente cercana al subway y autobuses, la decoración y la esencia de nuestra host estaba en cada esquina, yo quedé enamorada de sus cuarzos, libros y estilo vegano, hasta la esponja que usaba para lavar los platos era amigable al medio ambiente #DepaGoals. Aparte de eso, estar en un vecindario alejado de toda la multitud y los turistas, te hace sentir esa vibra neoyorquina que definitivamente te enamora.
  3. Sorry uber, me quedo con el subway. Sí, toda blogger que se respete jamás compartirá sus viajes en subway, pero te aseguro que el 90% de los newyorkers viajan así. Sí, hace calor (aunque para mi, b*tch pleasee! I’m from Sonora), puedes ver ratas y muchas veces huele a pacuso (Si no sabes que es, google it, bitch!) pero ese subway es lo más rápido, económico y ya quisiéramos un vagón de esos como ruta 12. Todos tienen aire y aunque no es el mejor subway del mundo (según muchos) para mi, es mejor que cualquier ruta 10 en mis tiempos de preparatoriana. Así que, lo primero es comprar una Metrocard por la semana o mes, según sea tu estancia y pasearte por todos lados. Prefiero invertir ese pago de uber en unas blusas.
  4. Caminar. Gracias a DIOR, como soy vedette y tengo piernas de BAI-LA-RI-NA pude sobrevivir a las caminatas, les juro que caminé más que cualquier estudiante de nuevo ingreso en ITSON Nainari, caminé tanto que me di cuenta que ninguno de mis zapatos para caminar son zapatos para caminar y  tuve que comprar tenis que no compraba desde el 97. Así que no, Carrie Bradshaw, nadie usa zapatillas en Manhattan, mujer a mi alrededor usaba tenis nada combinables y flats, con un bolsón donde estoy segura traían sus zapatillas para el trabajo, pero eso a andar corriendo en tacón 15 detrás de un taxi, ja! Lo que más me encantó de caminar es que nos hizo conocer los sitios más bonitos de New York y obvio más instagrameables, uno de mis favoritos fue el Elizabeth Garden, un oasis en medio de la jungla de concreto. #EsQueYoLoAmoCertified
  5. Compras. Mi mamá me preguntó si había ido a Chanel, Dior y Tifanny’s. Le dije, “sí, mamá, también me regresé en jet privado y comí puro caviar.” Obvio tener un bolso Chanel está en mi bucket list, pero soy realista y sé que por ahora es el bolso o mi riñón, y a mi me gusta tomar margaritas. Entré a Tifanny’s porque obvio tenía la esperanza de que Patrick Dempsey cerrara la tienda para proponerme matrimonio, pero después de dos horas de puro chinito a mi alrededor, dije, “¡Ay, es cierto! Estoy casada.” Eso fue, estoy segura. Porque soltera, otra cosa fuera. La verdad es que las grandes tiendas de diseñador por ahora son sólo inspiración, pero ver esos ventanales en Soho te ayuda a elegir prendas que van con la temporada. Mi recomendación es comprar en,  si quieres,las clásicas tiendas low cost, pero que estén ubicadas en lugares no tan turísticos, por ejemplo, encontré una pop-up store de H&M en una zona medio marginal donde había blusas de niña a ¡¡¡UN DOLAR!!! Obvio yo pensé que el mundo estaría vuelto loco arrebatando ropa, así que me puse en mi modus Doña en boutique del centro y estaba lista para pegar codazos. Para mi sorpresa, a nadie le parecía importar esa tienda y tranquilamente pude conseguir algunas prendas básicas a un precio maravilloso. Lástima que mi maleta me limitó mucho a ser la próxima fayuquera.

Y así, no todo en New York tiene que ser costoso, los mejores sitios y las experiencias más bonitas que viví fueron gratis o costaban pocos dólares. Pero eso sí, ten en cuenta que viajar a un lugar requiere presupuesto, por sí o por no, siempre es necesario contar con un dinerito para cualquier emergencia,  nada que una meta y un ahorro constante no te pueda llevar. Porque la verdad no hay nada más bonito que caminar, comer, beber,  comprar y tomarte tus fotitos sin tener que usar algún don, y por don me refiero a ese viejito arrugado ¡Guácala! Síganme los buenos y comentenme en cualquiera de mis redes sociales.

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